Potenciar la organización de las trabajadoras de maquilas organizadas en MT, para la
incidencia política y la defensa de sus derechos; a través del fortalecimiento de sus
liderazgos y la toma de conciencia de género discriminado en una sociedad patriarcal.

El esfuerzo de las asociaciones salvadoreñas comprometidas con la defensa de las mujeres trabajadoras de las maquilas, sigue dando sus frutos. Es el caso de nuestra contraparte Mujeres Transformando -MT-, que a través de la Asociación Paz con Dignidad y gracias al proyecto financiado por la Diputación Foral de Bizkaia en convocatoria 2011 con un monto de 125.123,00€, ha implementado durante 2 años una serie de acciones que repercuten positivamente en la organización de este sector laboral femenino; para favorecer la incidencia política y la defensa de sus derechos humanos y laborales en el país centroamericano. Todo ello mediante  un fortalecimiento continúo de la base organizativa, el fomento de su liderazgo para realizar demandas antes tomadores institucionales de decisión y el desarrollo de herramientas gerenciales de nuestra contraparte local.

Un conjunto de 90 trabajadoras de maquilas residentes en la periferia metropolitana y la zona occidental del país, ha ampliado el espectro de sus conocimientos en justicia laboral. Y a partir de ahí, hemos reforzado estructuras comunitarias y gremiales
-Comité Municipal de Trabajadoras de Maquila (CMTM) y Colectiva de Lideresas-; como instrumentos indispensables y referentes
para la incidencia política y el desarrollo local; apoyándonos en un cambio de mentalidades a nivel familiar y comunal.

Las trabajadoras organizadas implementan acciones de cercanía y monitoreo constante en sus puestos de trabajo. Pero van más allá. Se convierten en ejemplo cuando pierden el miedo y se pronuncian abiertamente -con todos los riesgos que esto conlleva-, ante un país que adolece de una política pública laboral inclusiva y extensible a todos los sectores sociales, estricta en su cumplimiento, y ponderadora del respeto y valores ciudadanos frente a la desmesurada expansión de los intereses del capital; y que no permite muy en particular, recoger en sus planes de progreso, la cobertura de necesidades en materia de empleo para las mujeres.

Por ende, el empuje social lleva a estas trabajadoras a participar anualmente en tres grandes movilizaciones conmemorativas: Día Internacional de la Mujer (8 de marzo), Día Nacional de la Persona Trabajadora de la Maquila (5 de julio) y Día de la No Violencia contra las Mujeres (25 de noviembre); recordándonos a todos los grandes retos que aún tenemos por delante.

Resaltar que, la declaración del 5 de julio como Día Nacional de la Persona Trabajadora de la Maquila, ha sido uno de los grandes logros de las obreras; cuando se posicionaron ante la Asamblea Legislativa y exigieron un acto de reparación moral para las más de 250 personas que en la misma fecha del año 2002, resultaron intoxicadas a causa de un derrame de cloro en la zona franca de Olocuilta. De ahí que El Salvador, sea el único país del mundo que ha instaurado este reconocimiento hasta el momento. A pesar de que las autoridades de trabajo y salud de ese
entonces, declararon el caso como «histeria colectiva»; creemos firmemente que esta conmemoración ayudará en cierto modo a evitar accidentes irreparables como los ocurridos en Ciudad Juárez (México) y Dacca (Bangladesh) el pasado año. Este último país con el triste récord de casi mil muertos en sus maquilas desde 2006.

En otros aspectos, la precariedad en las maquilas también se hace más que evidente, y abarca un alto porcentaje de los puestos de trabajo:

– Salarios muy bajos, donde muchos son inferiores al mínimo estipulado por ley;

– Empleos inseguros que se supeditan a la temporalidad; dado el interés de las empresas por renovar permanentemente su mano
de obra: barata, muy joven y poco cualificada;

– Largas y extenuantes jornadas de trabajo que incumplen de manera asidua los mínimos establecidos por ley; y sin paga de las
horas extras;

– Imposición de metas inalcanzables que revierten directamente en recortes salariales, amenazas de despido, e incluso, maltrato
físico;

– Inexistencia de contratos laborales para pocos días de trabajo;

– No percepción de las prestaciones laborales correspondientes (vacaciones, pagas extras, pago por incapacidad, etc.);

– No inscripción en el régimen de la Seguridad Social;

-Coartación del derecho a la sindicalización;

– Prevalencia de enfermedades bronco-pulmonares; 

– División genérica del trabajo que no favorece la equidad; 

– Pruebas de embarazo al momento de la contratación, incitaciones a la esterilización o anticoncepción y despidos por embarazo;

– Acoso sexual por parte de patrones o capataces.

Por tanto, hemos extendido nuestro radio de acción nacional para obtener más información sobre lo que realmente sucede en otras zonas francas anteriormente no cubiertas por MT; a la vez que mantenemos las denuncias de violaciones ante el Ministerio de Trabajo, acompañando los casos más significativos mediante entrevistas y conferencias de prensa.
Como paso cualitativo, y en articulación con otras organizaciones feministas y sindicales centroamericanas, hemos comenzado a establecer redes entre las obreras de las maquilas de El Salvador y Honduras, así como el inicio de coordinación en Nicaragua. Una iniciativa para la vinculación, intercambio de experiencias y puesta en común de demandas y acciones que parten de las propias trabajadoras. Lo que ha sentado las bases para la conformación y futura consolidación de la «Concertación Regional de Mujeres por un Trabajo Digno», como espacio canalizador de nuestras reivindicaciones, extensible a los países de la región que son víctimas de los daños provocados por las grandes transnacionales en connivencia con las autoridades públicas que dicen
representarnos, haciendo que nuestros Estados persistan en el no-derecho.
Sabemos que nuestra lucha cuenta con la sensibilidad de la población a nivel nacional e internacional; pero de manera constante, se da de bruces contra políticas neoliberales e intervencionistas que sustentan el progreso en una autorregulación de la economía de mercado como si fuesen leyes naturales que no competen al Estado y a la sociedad en su conjunto. Pero es archiconocido que estas políticas minan la dignidad y derechos ciudadanos. Y es obvio que no han contribuido a la conformación de espacios humanos más estables, cuando en la actualidad, se parapetan en una crisis creada por los mismos que defienden estas políticas.


Es por ello que necesitamos seguir trabajando para lograr una regularización laboral, donde las personas no sólo sean vistas como creadoras de valores económicos; sino también: sociales, culturales, éticos. Un espacio donde todos nos sintamos retribuidos por lo que aportamos desde lo humano; para que un puesto de trabajo no se instituya en ámbito de esclavitud.