Mujeres Transformando

PRONUNCIAMIENTO XII ENCUENTRO REGIONAL DE TRABAJADORAS TEXTILES “JUNTAS SOMOS FUEGO”

Las representantes de diversas organizaciones de trabajadoras de Centroamérica y México nos reunimos los días 1, 2 y 3 de julio del corriente año en El Salvador, para participar en el Décimo Segundo Encuentro Regional de Trabajadoras Textiles Centroamericanas.

1. Estamos frente una profundización de la crisis multidimensional provocada por el capitalismo neoliberal, racista y patriarcal.

El año 2021 fue un año de crisis, que tuvo como epicentro la pandemia del COVID 19, que ocasionó daños profundos a la vida de los pueblos de Centroamérica y de México. Esta pandemia nos dejó una secuela de muerte, desempleo y hambre, que continúan cebándose en contra de las mujeres, de las personas de la tercera edad y de la niñez.
Apenas nos recuperábamos de los efectos de la pandemia, cuando estalló la guerra entre Rusia y Ucrania. Este conflicto ha desencadenado una escalada inflacionaria en los precios de los alimentos y de los bienes de consumo básico, que está reforzando las tendencias a la desigualdad, al empobrecimiento y a la violencia en contra las mujeres.
Esta guerra nos afecta directamente, porque después de tres décadas de gobiernos neoliberales y extractivistas en nuestra región, los pueblos mesoamericanos hemos perdido nuestra soberanía alimentaria y nos hemos vueltos dependientes de las importaciones de alimentos e insumos agrícolas e industriales que provienen de otras regiones del mundo, las cuales se han visto interrumpidas y/o encarecidas debido al conflicto en Ucrania.
A esto debemos añadir las afectaciones económicas, sociales y ambientales del nuevo colonialismo impulsado actualmente por las inversiones extranjeras que se encuentran detrás del aumento de los monocultivos de exportación (como la palma y el hule), de las explotaciones mineras, de los proyectos de generación de energía eólica y solar, de las plantas de extracción de gas natural, de los megaproyectos turísticos y de la construcción de infraestructura sobre los ya debilitados ecosistemas de nuestros países, tales como el Tren Maya (México), el Tren del Pacífico (El Salvador) y la construcción y operación de Zonas de Desarrollo Privadas, en Honduras y Guatemala.
El despojo de tierras y de bienes comunes que conllevan estas inversiones colonialistas, está agravando los efectos del cambio climático sobre nuestras comunidades, en particular sobre los territorios que forman parte del llamado corredor seco mesoamericano, en los cuales existe una auténtica emergencia ambiental y alimentaria. Datos de Naciones Unidos estiman que actualmente más de 4 millones de personas de los países del triángulo norte (Guatemala, Honduras y El Salvador) se encuentran en una condición de inseguridad alimentaria extrema.
Estas y otras situaciones continúan generando las causas estructurales de la migración forzada de millones de habitantes del Sur de México y de Centroamérica hacia Estados Unidos, Canadá y Europa. En esos países se levantan cada vez más obstáculos para detener estas olas migratorias, sin tomar en consideración que estas migraciones han sido ocasionadas precisamente por las políticas neoliberales, extractivistas y colonialistas, que desde el norte global han impuestas a nuestros países.

2. Las mujeres continuamos haciendo frente a las múltiples crisis y sosteniendo la vida en nuestras comunidades.

En este encuentro, las mujeres hemos compartido nuestros testimonios sobre la creciente violencia feminicida en nuestros países, sobre el aumento en las desapariciones y secuestros de mujeres, y sobre la represión contra las mujeres defensoras de derechos humanos y sus familias.
Sin embargo, también hemos compartido nuestros ejemplos de cómo la organización y la solidaridad durante la pandemia del COVID 19, y durante la actual coyuntura inflacionaria, han logrado mantener funcionando las redes de sostenimiento de la vida en nuestras comunidades y en nuestros países.
Hacemos un llamado a los hombres de la clase trabajadora y a nuestros gobiernos para que costos de estas múltiples crisis no se descarguen principalmente sobre las mujeres, y que más bien estos costos sean asumidos de forma compartida y equitativa entre hombres y mujeres, y entre clases sociales.
Asimismo, exigimos a los gobiernos a reforzar la institucionalidad que protege el derecho humano de las mujeres a vivir una vida libre de violencia, y terminar con la impunidad y/o la complicidad que condena a miles de mujeres de nuestros países al asesinato, a la violación sexual, a las desapariciones forzadas, a la trata de mujeres con fines de explotación sexual y/o laboral, y a la esclavitud sexual.
La comunidad internacional y el sistema internacional de protección de derechos humanos de las mujeres debe mantenerse vigilante de las actuaciones y/o las omisiones que en este ámbito incurran los Estados de nuestros países.

3. Decimos NO A LA GUERRA, y SÍ A LA SOLIDARIDAD internacional de los pueblos.

En medio de esta crisis multidimensional, y de la grave inflación que azota a los pueblos del mundo, los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) han anunciado recientemente su decisión de incrementar su presupuesto militar y de incluir a China como nueva amenaza a la seguridad de Estados Unidos y Europa. Con ello, se ha dado un nuevo paso en la polarización de mundo y en la expansión de la guerra a nivel planetario.
Las mujeres estamos en contra la guerra y la militarización de la vida, porque nuestra experiencia nos ha mostrado en carne propia, que somos las primeras y principales víctimas de los conflictos armados. Las mujeres nos oponemos a las políticas expansionistas y militaristas de todas las potencias mundiales, y exigimos un cese inmediato de estos conflictos, así como la reducción de los presupuestos militares de los países del norte global en favor del aumento de los presupuestos para la cooperación solidaria con los pueblos del sur global, en especial para las mujeres.
De igual manera, expresamos nuestro mayor repudio a los procesos de militarización y de retrocesos autoritarios que se encuentran en marcha en México y en los países del triángulo norte de Centroamérica. Exigimos el retorno de los ejércitos a los cuarteles y que estos presupuestos militares se transformen en presupuestos para la sostenibilidad de la vida, que conduzcan finalmente a que Mesoamérica se convierta en una región de paz y de bienestar, lo cual sólo será posible con el respeto irrestricto a los derechos humanos, el fortalecimiento democrático y la justicia económica, racial, de género y ambiental.

4. Es necesario fortalecer nuestro empoderamiento económico y nuestra economía de los cuidados.

Las mujeres cuando nos unidos somo fuertes como el fuego, y por eso en este período de nuestra historia debemos estar más unidas que nunca. Hacemos un llamado a todas las trabajadoras de la región mesoamericana a trabajar de forma incansable en el fortalecimiento de la organización y de la lucha en defensa de nuestros derechos en estos tiempos de crisis y de guerras.
Hoy más que nunca debemos tomar conciencia que estas crisis y estas guerras son responsabilidad de un sistema económico, social y político que está orientado hacia las ganancias de una minoría a costa de la destrucción de la vida humana y de la naturaleza. Por ello, debemos desplegar nuestros mayores esfuerzos para lograr nuestra autonomía económica y el cuidado de la vida frente al sistema capitalista neoliberal, racista y patriarcal.
Proponemos que nuestras organizaciones trabajen en el plano nacional y regional en el logro de dos grandes objetivos: el empoderamiento económico por la vía de la economía de la solidaridad, y el fortalecimiento de nuestras economías de los cuidados.
En este sentido, asumimos el compromiso de luchar desde nuestras organizaciones, desde nuestras comunidades y desde nuestros países por ampliar el sector de la economía social y solidaria, y por promover una economía de los cuidados con responsabilidades compartidas entre hombres y mujeres, y entre familias, empresas, gobiernos y organizaciones sociales y sindicales.
Demandamos a nuestros gobiernos y a la cooperación internacional para el desarrollo que se destinen mayores recursos para la ejecución de iniciativas de economía solidaria de mujeres y de acciones de apoyo a la economía de los cuidados, tales como infraestructura y personal calificado para el autocuidado del bienestar físico, mental y emocional de las mujeres trabajadoras, así como para el cuidado integral de la niñez, de personas con discapacidad, de personas adultas mayores y de personas con enfermedades terminales y/o degenerativas.
Mientras tanto, nuevamente exigimos la pronta ratificación y aplicación del Convenio 177 de la OIT sobre derechos de trabajadoras a domicilio, el Convenio 189 sobre trabajo doméstico remunerado, y el Convenio 190 en contra del acoso sexual y laboral en los lugares de trabajo.

El Salvador, 5 de julio de 2022.

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